A día de hoy, la preocupación por los problemas ambientales y el cambio climático está a la orden del día. La Restauración Ecológica o del capital natural se relaciona como una de las principales soluciones de mitigación y adaptación. Aún hay entidades que acaban de iniciarse en el camino de la sostenibilidad, pero lo cierto es que la gran mayoría tiene claro que el camino de la rentabilidad económica o es verde o no es.

De hecho, las organizaciones preocupadas por cuestiones ambientales amplían el alcance de las sostenibilidad y la RSC. Más allá de la biodiversidad, en el discurso corporativo se ha colado la valoración del capital natural.

Esta nueva ( o no tan nueva) tendencia tiene por objetivo asignar un valor económico de los recursos naturales. Una vez traducido «lo ambiental» a lenguaje financiero, la idea es incorporar estas magnitudes en la toma de decisiones. El siguiente paso, sería meter el valor de la naturaleza en la cuenta de resultados de las corporaciones. El mainstream del capital natural no es solo cosa de CEOs convencidos. El mensaje que llega tanto del sector público como del privado a través de las leyes de información no financiera, los productos de inversión responsable de los bancos o las exigencias de los ratings de inversión.

A pesar de que son varias las iniciativas que han surgido para facilitar la tarea de la valoración del capital natural, aún queda trabajo por hacer a la hora de homogeneizar lenguajes y diseñar herramientas.

Aprende cómo trabajar en valoración del capital natural

Un lenguaje único para cuantificar y valorar el capital natural

Para asegurarnos de que todos estamos en la misma página cuando hablamos de capital natural, lo primero que queremos hacer es dejar clara la definición de este concepto. El capital natural es el stock de recursos naturales de un territorio capaz de proveer de bienes y servicios ambientales a la población.

En base a esta definición, parece obvio que lo primero que hay que hacer si queremos iniciarnos en esto de la cuantificación y valoración del capital natural es aprender a medir servicios ecosistémicos. Para saber qué servicios ecosistémicos debemos considerar podemos echar mano de la Clasificación Internacional de Servicios Ecosistémicos (CICES, por sus siglas en inglés).

¿Pero de todos estos servicios cuáles debo medir? la idea es identificar aquellos servicios ecosistémicos que sean clave para nuestro proceso productivo, por ejemplo materias primas. También es importante definir aquellos servicios ecosistémicos sobre los cuales nuestra actividad genera un impacto significativo y que, además, puede terminar afectando a nuestro propio negocio a la obtención de materias primas en el futuro.

Para saber qué servicios ecosistémicos son clave, el Natural Capital Protocol es una metodología que nos puede ayudar. Este protocolo tiene varias cosas interesantes, pero puede que la principal es que nos guía a través de todas las fases de nuestro negocio con preguntas sencillas para poder saber qué servicios ecosistémicos son materiales para nuestro negocio.

El siguiente paso sería transformar estos servicios ecosistémicos a un lenguaje común, que todos podemos entender: el dinero. Para conseguir este objetivo, existen algunas iniciativas como The Economy of Ecosystems and Biodiversity (TEEB) o InVEST, que permiten mapear y valorar los servicios ecosistémicos.

¿Para qué necesito saber lo que valen los ecosistemas?

Desde el punto de vista operativo, si conocemos el valor de los servicios ecosistémicos que son clave para nuestro negocio estamos en disposición de tomar mejores decisiones. Por ejemplo, podemos, conocer qué impacto tendrá sobre nuestra cuenta de resultados la escasez de un recurso clave debido al cambio climático o a la propia explotación de los acuíferos. Basándonos en esta información podemos decidir:

  • Actualizar el precio de nuestros productos ante una eventual subida del precio de materias primas por una disminución de la oferta
  • Optimizar nuestros procesos para aumentar la eficiencia en el consumo de determinados recursos

Desde el punto de vista corporativo, conocer nuestra dependencia del capital natural y el valor que tiene en nuestro negocio nos permite:

  • Reportar de manera más eficiente los riesgos ambientales a los que está sujeto nuestro modelo de negocio
  • Generar cambios en la estrategia corporativa y en los procedimientos internos de cara a anticiparnos a posibles riesgos relacionados con la escasez de recursos clave
  • Diseñar estrategias para asegurar la permanencia de recursos naturales.

Además, sea cual sea el sector al que pertenece tu organización, la cuantificación y valoración del capital natural es compatible con otras estrategias para impulsar la sostenibilidad ambiental y social.