Los ríos urbanos son un reto para la restauración de ecosistemas pero también los espacios más valorados por la población. La restauración de estos espacios se ha centrando los esfuerzos en la revegetación y acondicionamiento para el ocio. Sin embargo, se ha prestado escasa atención a la recuperación de la funcionalidad del río.

Científicos del campo de la restauración fluvial resaltan la importancia de cambiar esta visión y  basar la restauración de los ecosistemas fluviales en:

1) la remodelación geomorfológica de los canales

2) la mejora de la conectividad 3D (lateral, longitudinal y vertical)

3) involucrar a la población local para asegurar el éxito de la restauración entre otras cosas porque muchas veces, sólo así se eliminan las causas de la degradación.

* Estado actual del río Los Ángeles, canalizado en todo su recorrido por la ciudad. Foto de Ron Reiring

En ríos urbanos que han sido canalizados, la restauración ecológica pasa por eliminar barreras (cubetas y cemento) y recuperar la conectividad. Lo que parece imposible en un río que cruza una ciudad, es exactamente la propuesta para el Rio Los Ángeles. Este río urbano amplio y caudaloso fue canalizado en 1938 tras una gran inundación. Con esta medida conseguían proteger a las personas y a sus viviendas del río. En cambio, la población se sentía privada de poder disfrutar de uno de los pocos espacios naturales de la ciudad. Por ello, los ciudadanos y algunas asociaciones locales tomaron la iniciativa de ir renaturalizando este espacio por su cuenta.

“El objetivo del proyecto de restauración del Río los Ángeles es eliminar más de 15 km de hormigón. El proyecto completo, que implica acciones más allá de la descanalización, se apoya en una financiación de 1380 millones de dólares”

En líneas generales se asume que la restauración del río urbano Los Ángeles  mejora la calidad de vida de la población. El proyecto permite a los ciudadanos reconectar con un espacio natural de que se les había privado durante mucho tiempo. Pero existen otros beneficios no tan evidentes y también valiosos en los proyectos de restauración en espacios urbanos.

La creación de zonas de vegetación sirven de soporte para comunidades biológicas diversas. Estas comunidades a su vez cumplen con funciones ecosistémicas impagables como la dispersión, polinización, etc. Además, la recuperación de espacio para el río, permite una mejor gestión de las crecidas y la reducción de riesgos asociados para la población. Parece que la gran inversión se justifica por el win-win del proyecto: gana la naturaleza, ganan la sociedad.

El doble filo de la infraestructura verde urbana

Sin embargo no podemos obviar los “otros impactos sociales” que pueden asociarse a este tipo de proyectos. En Los Ángeles hay 47000 personas viven en la calle. En este sentido, invertir casi 100M $ por km de río puede considerarse injusto y desmesurado. Parece que la promoción de la infraestructura verde urbana puede ser un generador de desigualdad social.

Una de las ventajas de la infraestructura verde urbana es que puede revalorizar un territorio. No obstante, un estudio científico reciente parece reflejar que esta revalorización, lejos de favorecer al conjunto de la población, excluye a buena parte de la misma. Las viviendas en barrios con mayor proporción de zonas verdes aumentan de precio y tienden a ser ocupadas por ciudadanos con mayor poder adquisitivo.

Ríos urbanos: una infraestructura verde que crea ciudad

Entonces ¿no mejoramos el medio ambiente urbano y optamos por el mal (social) menor? o ¿decidimos seguir contribuyendo al bien común aún en contra de comunidad?. Siempre hacemos hincapié en que la restauración de ecosistemas no debe  disparar sólo procesos ecológicos. La restauración es una oportunidad para el desarrollo económico y social de la población pero es necesario ayudar a que sea percibida así.

* El Kayak es una de las alternativas de ocio que ofrece el río Los Ángeles a la población local y los turistas. Foto de Pacific Southwest Region USFWS.

La renaturalización y restauración de ríos urbanos mejora la calidad de la ciudad. El espacio ya no se percibe como «un canal degradado» y las personas tienden a cuidarlo. Esto también hace que se generen nuevos vínculos sociales relacionados con el espacio. Pueden incluso surgen iniciativas ciudadanas educativas u oportunidades de negocio locales. La restauración ecológica del río urbano puede ser el primer paso para construir ciudad y sociedad.

Pero para que esto ocurra, la planificación del territorio debe  hacerse contando con las personas.  Los gobernantes deben desarrollar estrategias de participación inclusivas y adaptadas a las distintas velocidades y capacidades de los ciudadanos. Es necesario incentivar la interacción de la población con los procesos que ocurren en la ciudad. Así todos juntos, de alguna manera, contribuimos a crear nuestro propio entorno.

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