Por desgracia, para much@s la naturaleza es algo distante y casi ajeno, recuerdos con imágenes de animales exóticos, paisajes lejanos o incluso ideas de viajes que nos gustaría hacer.

No llegamos a comprender que de los procesos que se desarrollan en ella obtenemos innumerables productos y servicios de los que depende nuestra economía y nuestra propia supervivencia. A ese conjunto de servicios ecosistémicos es a lo que se ha denominado Capital Natural.

Existen numerosas iniciativas para intentar divulgar este concepto. Una de las herramientas más frecuentes es tratar de darle un valor económico a esos servicios, de manera que tomemos conciencia de lo que suponen para nosotros. Además, otras intentan que se implemente en las empresas con más capacidad de influir para que tomar en consideración ese aspecto en su actividad se convierta en la práctica habitual.

Incluso aquí, en España, se han creado iniciativas como la puesta en marcha de la Fundación Capital Natural, por iniciativa del Colegio de Ingenieros de Montes. No en vano, “proteger el capital natural es proteger nuestro desarrollo económico”.

Valorar de forma comprensible los servicios que obtenemos de los ecosistemas es fundamental para que la sociedad demande activamente el mantenimiento de los procesos que los propician, y su restauración cuando éstos no se dan adecuadamente.

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