La restauración del Rio Kissimmee es, sin duda, un emblemático proyecto de restauración fluvial. El río Kissimmee, situado en el sur de Florida, discurre por más de 100 km. La cuenca del río es un entramado complejo formado por lagos y tributarios. Un mosaico de ecosistemas capaz de albergar una gran diversidad.

Tras las fuertes inundaciones de 1947 que causaron graves daños se decidió intervenir. El resultado fue generar un canal más profundo y estrecho por el que viajara el río. Este proceso de canalización tuvo consecuencias ecológicas devastadoras. La pérdida de la llanura de inundación se llevó consigo a centenares de especies amenazadas y en peligro de extinción, peces nativos y otros animales dependientes de humedales.

De este proyecto se pueden sacar muchos aprendizajes pero en concreto hay dos cosas que cual quiera que quiera dedicarse a restauración fluvial debería tener en cuenta. ¡Te las contamos!

 

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La restauración del rio Kissimmee se centra en la recuperación no solo de la estructura del ecosistema sino de su funcionamiento ecológico. En concreto, se han recuperado 44 millas de meandros y casi 20,000 acres de humedales.

Una de las claves de este proyecto de restauración fue la conectividad lateral del cauce. Para ello se llevó a cabo la remoción de diques. Además,  se rellenó aproximadamente un tercio del canal principal para volver a conectar y restaurar el flujo al río histórico.

Otra de las cuestiones fundamentales fue recuperar la heterogeneidad del ecosistema. Con este fin se recuperaron varios lagos de cabecera, así como la llanura de inundación. Además se restauró la conexión con el Lago Okeechobee.

Pero sin duda, todas estas acciones no hubieran tenido sentido sin un programa integral de evaluación ecológica. Este programa persigue evaluar si se ha conseguido los cambios que se buscaban en el ecosistema.

Para ello, los datos de referencia (antes del proyecto de restauración) se comparan con los recopilados después de la construcción y el restablecimiento de las condiciones hidrológicas. Los resultados obtenidos se comparan con las predicciones elaboradas para cada acción. Si no se alcanza la expectativa, se implementan estrategias de gestión adaptativa.

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Comunicación como principio para abordar un proyecto de restauración

Como hemos visto, la restauración de ríos puede implicar modificaciones significativas que afecten a las comunidades locales. El retranqueo de motas, la eliminación de azudes o la gestión del uso público son cuestiones que deben comunicarse. Pero ¿cómo hacerlo?.

En cualquier proceso de comunicación efectiva lo primero es identificar claramente a los receptores.  Crear un mapa de agentes que hacen uso o están vinculados al río puede ayudar. A partir de ahí, es importante identificar posibles relaciones de poder entre agentes. Así podremos detectar líderes locales con los que contactar de manera preferente.

Una vez tengamos claro quiénes son los destinatarios, podemos pensar en mensajes y canales. ¿Qué queremos comunicar sobre el proyecto? ¿Queremos solo informar o que nuestros interlocutores pasen a la acción?. A la hora de construir el mensaje es clave tener esto en cuenta.

Aunque estamos en plena era de la comunicación y todo el mundo lleva un móvil en la mano, hay ciertos grupos sociales para los que internet no es su fuente principal de información. Dependiendo de los grupos a los que queramos informar o vincular al proyecto debemos pensar en canales alternativos. Nos referimos a medios locales, radio o el bar del pueblo.

En el caso de la restauración del Kissimmee, identificaron a la comunidad educativa como grupo de interés. Por eso han generado posters e infografías como materiales didácticos de apoyo para profesores. Otro agente clave son los aficionados a navegar. Para ellos el canal preferente de comunicación es la prensa local.

Para divulgar el proyecto, se ha generado un canal de podcast para el público general. Además, han creado una plataforma de gobierno abierto para favorecer la participación social en el proyecto.

 

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