Soberanía alimentaria y ODS

La SOSTENIBILIDAD con mayúsculas, está directamente relacionada con asegurar la calidad de vida de las personas que habitamos este planeta. Este hecho pasa, necesariamente, por cubrir necesidades básicas como la alimentación y con conservar la infraestructura verde. De hecho, la Agenda 2030, el marco de referencia para la sostenibilidad, incluye en el ODS 2 la necesidad de erradicar el hambre para 2030 y en el ODS 15 la importancia de conservar los ecosistemas terrestres.

La lucha contra el hambre y la seguridad alimentaria son uno de los temas clave que tenemos que abordar como sociedad. Sabemos que más de 800 millones de personas en todo el mundo están subalimentadas. La mayoría de las personas que sufren hambre se concentran en países en vías de desarrollo. En muchos de estos países la degradación de ecosistemas naturales por diversas causas también se ve acelerada.

Entre las metas que plantea la Agenda 2030 para hacer frente a este problema social, está en incremento de la productividad de los sistemas agrícolas. No obstante, esto sólo es posible si se optimizan los sistemas de cultivo, de manera que no se comprometan los recursos naturales como el suelo o el agua. Además, el mantenimiento de la diversidad genética de cultivos o razas ganaderas puede jugar un papel crucial a la hora de adaptar las especies que hemos domesticado a los efectos adversos del cambio climático.

Detrás de muchos de las metas relacionadas con la seguridad alimentaria, está la necesidad de reducir el impacto ambiental que genera esta actividad y conseguir adaptarla al cambio climático. La industria alimentaria ha experimentado un gran crecimiento en las últimas décadas y también el impacto ambiental que genera. La producción de alimento va desde la propia gestión de las materias primas, el suelo y el agua hasta el envasado y distribución de los alimentos. Los impactos se producen en toda la cadena de suministros y por ello es necesario contar con marcos integrados para la valoración del capital natural, la restauración de los ecosistemas agrícolas y su adaptación al cambio climático o la circularización del propio sector.

Aprende cómo planificar la infraestructura verde de un territorio

Restauración agroecológica e infraestructura verde 

La productividad de los ecosistemas naturales y los agrosistemas dependen de una serie de funciones ecológicas. Uno de los más importante es el reciclado de nutrientes en el suelo. Un proceso complejo que depende de las condiciones climáticas, pero también de la biodiversidad. Los organismos fragmentadores como lombrices o microartrópodos, fragmentan la materia orgánica y la incorporan en el suelo. Después, hongos y bacterias hace que los nutrientes queden disponibles para las plantas. La recuperación de las condiciones fisico-químicas del suelo y la biodiversidad edáfica es una de las claves de la restauración agroecológica.

Pero además, los sistemas de cultivo dependen de otra biodiversidad. Son necesarios polinizadores, dispersores de semillas y depredadores que actúen sobre las plagas. Estos «aliados naturales» necesitan de un hábitat. A través de la restauración de distintas infraestructuras verdes, podemos dar cobertura a esta diversidad tan necesaria. Los principios de la restauración de infraestructura verde podemos aplicarlos a sistemas agrícolas tanto en ámbito urbano como rural.

La restauración de infraestructuras verdes asociadas a agrosistemas puede ayudar a mitigar los efectos del cambio climático. También puede ayudar la mejora de las prácticas agrarias relativas al uso de pesticidas o a la gestión de riesgos. Implicar a los agricultores es fundamental para generar un cambio en los sistemas productivos. Fomentando la participación conseguimos, además de reducir el impacto ambiental de la agricultura,  reforzar el sentimiento de pertenencia y la identidad del territorio.