¡Por fin un poco de claridad! Entre tantas noticias en medios generales, programas de televisión (de mañana, de tarde, de noche), informativos surrealistas y comunicaciones radiofónicas, conseguimos rescatar un artículo más que pedagógico sobre por qué los ríos no están sucios y lo innecesario o inútil que puede ser «limpiarlos», tal y como se ha venido proponiendo en los últimos días.

Ante la incesante demanda de la limpieza del Ebro como la solución a futuras catástrofes como la actual, el Dr. Alfredo Ollero Ojeda (Universidad de Zaragoza y el Centro Ibérico de Restauración fluvial) recoge en la última entrada de su blog algunas ideas clave que tanto la administración cómo los ciudadanos de a pie deberían tener en cuenta. A modo de resumen destacamos:

El concepto de «limpieza» que se utiliza tanto implica destruir el cauce del río, romper el equilibrio hidromorfológico y eliminar sedimentos que son clave en un ecosistema fluvial.

Estas prácticas se realizan con maquinaria pesada, sin vigilancia ambiental, sin información pública y sin procedimiento de impacto ambiental.

Las “limpiezas” son inútiles, ya que en el siguiente episodio de aguas altas o de crecida el río volverá a acumular materiales en las mismas zonas “limpiadas
En el río Ebro, el dragado de 1 metro del lecho en el cauce menor, para una crecida de 2.000 m3/s tan solo bajaría el nivel de la corriente unos 8 centímetros en la misma sección dragada.

A medio y largo plazo la inversión no habrá valido la pena y si se quiere mantener dicha capacidad de desagüe habrá que seguir “limpiando” una y otra vez

Lee el artículo completo aqui

En definitiva, el río sufre un daño enorme, denunciable de acuerdo con diferentes directivas europeas y legislación estatal

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